Sabías...

A modo de bienvenida les dejo el significado de mi nombre y los invito a sumarse con sus textos, cuadros, música y cualquier creación que nos permita enriquecer el alma


Omar


Nombre Masculino de origen Árabe: Que tiene larga vida.

Caracteristicas : Es racional, estable y usa su sentido común para resolver todas las situaciones

que se le presentan. Es generoso y amable con los demás.

Amor : Es leal y detallista con su pareja cuando quiere de verdad.

jueves, 8 de marzo de 2012

Un día todos los días





Hoy, 8 de marzo de 2012,es el 101º aniversario del Día Internacional de la Mujer. Mi sincero y humilde reconocimiento a todas. La foto es ilustrativa en representación de la importancia que tienen en nuestras vidas.

La participación de la mujer en diversos ámbitos de la sociedad creció a pasos agigantados en el último siglo, tanto a nivel político como educacional y laboral. Como dato, sólo basta recordar que fue recién a partir de 1947 cuando se instauró el voto femenino en la Argentina; es decir, 65 años atrás la mujer no podía decidir quién gobernaría el país. Hoy, en cambio, una mujer ocupa la Presidencia de la Nación.

Cuando el relato no alcanza


Todos somos cronistas: ¿moda o conveniencia?
El uso del relato, al margen de que los datos sean comprobables y reales o no, parece haberse transformado en una “moda”. Es usado por la Presidenta, los Gobernadores, los Legisladores, los Concejales, Jueces o Fiscales y también, en no pocas oportunidades, por los Empresarios y los Gremialistas.

En cualquiera de los niveles mencionados la excepción es que alguien elabore un discurso coherente, claro y sin tantos términos técnicos más allá de los que realmente son indispensables para sustentar la credibilidad de lo que se está diciendo.

 La generalidad pasa hoy por escuchar el relato de lo que ocurrió de manera tal que nos ubica, a quienes estamos escuchando, viendo, navegando o leyendo en papel, como torpes e incultos iletrados o mal formados en lectoescritura por lo que “creen necesario” ilustrarnos.

Esto remite a la década de 1970, momento en que aparecieron los “iluminados”, personas o seres que se arrogaban la suma del conocimiento y que el mismo no podía ser rebatido de ninguna manera.

Es verdad que la formación académica, al margen del nivel de educación que cada uno de nosotros haya podido alcanzar, no es de las mejores en esta última década. Pero no es menos cierto que, al menos en parte, esto se suple con el acceso mayoritario a los nuevos medios de comunicación.

Es aquí donde surge la inquietud y la preocupación por esa mediocridad manifiesta en la generalidad mencionada, porque no hay ninguna duda que la diversidad de medios de comunicación nos permite optar por el mejor relato de lo que ocurre, sin ninguna necesidad de que las autoridades y los “funcionales” nos vuelvan a hablar de lo mismo y mal. Ellos tienen la obligación de resolver las distintas situaciones que se presenten.

De la manera en que actúan solo logran que la política sea mal vista y el Pueblo se aleje tanto o más de lo que ellos lo están de la realidad.

Vale recordar que la política responsable, seria y al servicio de la gente es la que permite, en una verdadera Democracia basada en el diálogo y el respeto por el otro y por los demás, concretar los cambios necesarios pasra el bienestar general en todos los órdenes.

Dice la Lic. Natalia Martini*:
“De nada sirve un discurso demagógico que utiliza los deseos, sentimientos y emociones propias y del público en general, como base para construir una “perorata” cuyos ejes centrales están alejados de las verdaderas propuestas políticas y de la realidad circundante”.

“Desde el discurso, eludir problemas que la sociedad manifiesta y sustituirlos por promesas, luego incumplidas o electoralistas y de carácter simplista y adulador, da lugar a la fragmentación de sentido no solo de la propuesta detrás del funcionario o  candidato sino de la imagen que el funcionario o candidato proyectará en el futuro, y cuando el tiempo haya pasado, cuando se hayan escapado los argumentos y no se pueda satisfacer la expectativa del electorado por falta de un programa que los contemple y los contenga, pero sobre todo por el fatal contraste de la promesa con la realidad ¿qué haremos entonces desde la comunicación para salvar al funcionario o candidato?, permítanme decir.. Absolutamente nada salvará la Caída Libre del funcionario o candidato ante la mirada de la opinión pública”.

“Es sencillo encontrar en las ideas y propuestas del político lo esencial para proyectar una imagen coherente entre lo que se dice, lo que se muestra y lo que se hace”.

Cuando una profesional, como se aprecia en los párrafos anteriores, se expresa con tanta claridad hay que sumar esa opinión con nombre y apellido porque tomarlo como propio restaría y mucho, alejándonos de nuestra pretensión de comportarnos como profesionales.

Y no solo como profesionales sino fundamentalmente como Personas, estamos hartos de que se pretenda tomarnos como estúpidos e imberbes cuando, en realidad y sin ningún ánimo de ofender porque estoy citando un momento de nuestra historia, son precisamente esas personas quienes desde hace mucho tiempo han asumido ese rol, obstinadamente y sin miramientos, cuando la realidad ha cambiado sustancialmente y estas actitudes nos retrotraen a épocas que no queremos ni debemos reiterar para avanzar hacia el País que siempre soñamos y que, hoy más que nunca, está muy cerca de nosotros. Para alcanzarlo es imprescindible e impostergable actuar con honestidad intelectual e ideológica  a la vez que requiere de gestos, hechos y palabras que conformen un relato que sea expresado sinceramente en la práctica cotidiana y que nos contenga a todos, sin excepciones y sin bajezas ni apetencias personales.


* Natalia Martini es Licenciada en Relaciones Públicas e Institucionales y editora del Portal argentino de Relaciones Públicas RRPPnet (www.rrppnet.com.ar). Dirige actualmente su propia consultora de comunicación NM Comunicaciones.

lunes, 27 de febrero de 2012

Ser o no Ser

¿Qué mensaje damos a nuestros niños y jóvenes?
Los hechos gravísimos que ocurren en nuestro País parecen no tener impacto en el Pueblo, más allá de uno o dos días de ocurridos. Es doloroso admitir que, en su mayoría, pudieron ser evitados. En las causas hay responsabilidades notorias que no pueden seguir siendo “negadas” o “esquivadas” por quienes las tomaron y no las han cumplido, pero también debemos asumir la parte que nos corresponde como participes, hasta ahora, sin voz ni voto a la hora de decidir sobre nuestras VIDAS.

La pregunta del comienzo tiene que ver con el o los mensajes que circulan en nuestra sociedad, especialmente de adultos a niños y adolescentes que, sin ningún tipo de dudas, fueron - son - y serán Responsabilidad de los adultos quienes, hasta el momento y de manera general, están ausentes con aviso como si se tratara de un país lejano y de los hijos, nietos, sobrinos, ahijados, amigos o de la relación que quiera, mucho más lejanos y ajenos a nuestra Responsabilidad como adultos.

Esta no es la manera que nos trasmitieron, aprendimos y transmitimos con amor.
Eso al menos hacemos quienes nos sentimos y actuamos como responsables, no solo de las generaciones futuras sino también de quienes nos dieron la vida, como modo simple y puro de compartir un sentimiento sincero y de un valor afectivo y humano  inestimable, dicho esto en relación con los parámetros monetaristas que implantaron en los ’90 y que hoy se expresan en su más cruda expresión, exacerbados diariamente con una fiereza propia de las  bestias y no de los animales racionales que somos.

Este es el contexto en el cual estamos y en el que, tanto a muchas personas como a mí, nos cuesta enormes esfuerzos seguir luchando contra esa corriente anti humana que, sin ningún tipo de dudas, DESPRECIA la VIDA.
Este párrafo significa que esa lucha cotidiana continúa, porque SÏ valoramos UNA y todas las VIDAS y la importancia que tienen para el conjunto, porque también hay que recordar que nadie puede solo.

Vale entonces recuperar la memoria y repensar en Común Unidad - hoy Comunidad - como cuando decidimos agruparnos, en nuestros comienzos como humanidad, para defendernos de los peligros que entonces nos acechaban.

Hoy nos acechan voraces antropófagos, al margen del sexo, que no reparan en métodos, formas ni lugares - públicos o privados - amparados por un sistema de impunidad que cada día que pasa aumenta su pestilencia y se transforma en un insaciable agujero negro.

¿Quién podrá defendernos?
Ésta parece ser la pregunta recurrente en nuestra sociedad, buscando a un inexistente superhéroe salvador, sin usar la memoria común señalada anteriormente, olvidando que solo el conjunto de voluntades puede modificar esta realidad que nos agobia.

Una vez más, no es verdad que el Pueblo se expresa solo con su voto. La expresión popular - sin violencia - es permanente y es la herramienta de acción a la que más temen nuestros pseudo dirigentes - en los estamentos ejecutivos, legislativos o judiciales -, porque aun habiendo perdido la vergüenza saben que contra eso no pueden.
Vale aquí hacer la salvedad que hay personas responsables que sí cumplen adecuadamente con la función para la que se postularon o fueron convocados.

Sabemos todos que el sistema institucional está totalmente colapsado, en parte por mantener formas y prácticas vetustas y vencidas y, además en muy importante grado de incidencia, por las falencias humanas que la corrupción ha sabido instaurar y el Pueblo observar y permitir como si se tratara de otros.

Sin Justicia, con Legislaturas que viven otro planeta y con Ejecutivos que solo miran su ombligo y sus cuentas, es muy difícil que, sin la intervención decidida y firme del Pueblo en su conjunto, se pueda modificar el actual estado de situación. A menos, claro está, que ocurra alguna mega tragedia - asesinato social masivo en este contexto – que movilice masivamente.

Aunque las comparaciones son odiosas, sería algo similar a los cacerolazos que pedían “que se vayan todos”- cuando se tocó el órgano más sensible y delicado de los argentinos: el bolsillo. Tan inconsistente fue la ”masividad” que, una vez “solucionados” los problemas personales, se quedaron todos y son quienes siguen con el desaguisado.

¿Cuál es nuestra responsabilidad?
Primero, participar con responsabilidad y seriedad en cuanta organización civil o partidaria se considere oportuno y sea “su lugar” para aportar a la generalidad de los temas que nos agobian.

Segundo, tener tanta paciencia como hemos tenido hasta ahora, porque debemos aprender a participar y movernos en equipo, algo que durante años no se practicó porque es mucho más beneficioso para los “líderes”: la individualidad.

Tercero, respetar y hacer respetar los mínimos consensos que se vayan logrando, hasta alcanzar aquellos que se condicen con los objetivos mayores como son la Verdadera Democracia, con Libertad, Responsabilidad, Equidad, Solidaridad y Respeto Social.

El camino hacia esos logros no es fácil ni simple, pero hay que empezar a transitarlo porque cuanto más nos demoremos más dolor y Vidas nos va a costar. Una mirada a nuestros valores personales y familiares nos va a orientar si, además de pregonarlos, los practicamos de manera efectiva día a día.

Un botón basta de muestra.
Una maestra comentó que les enseñan a los chicos, escuela primaria, que un semáforo no debe cruzarse en rojo. Uno de sus alumnos, luego de algunas clases le confió: “Señorita, usted nos dice que no debemos cruzar con el semáforo en rojo, pero mi papá me dice que eso no importa si no viene nadie del otro lado y cruza siempre con el semáforo en rojo”.

La diferencia entre cruzar o no con el semáforo en rojo tiene dos resultados: Muerte o Vida.

La decisión es nuestra, pero no lloremos ni bajemos a nadie de su pedestal si algo nos ocurre a nosotros o a un ser querido.

Una vez más y seguiré insistiendo: depende de nosotros, siempre teniendo en cuenta que el “otro es igual a mí” y que “somos los demás de los demás”.

Espero comentarios.

martes, 17 de enero de 2012

El valor y peso específico de un “no”

Cualquier método o modelo es válido o se hace valer, en el contexto actual, apelando a la inversión de la lógica de una frase paradigmática de un tiempo cercano y donde aún, a pesar de la notable diferencia  de peso y aparato de poder, el sentido común regía las acciones.

El fin (no) justifica los medios


Ha sido modificada  invirtiendo o subvirtiendo totalmente el valor moral ético y de respeto por la Vida, adoptando y consumando en la práctica actos y actitudes que se configuran como una causa grave que, sin dudas, tiene y tendrá consecuencias severas que habrán de ser sufridas (pagadas) por las próximas generaciones quienes, aún sin darse cuenta ni entender por qué, deberán afrontarlas.

No se trata de una premonición sino de una definición, producto de la sumatoria de la observación y de la experiencia – que o es otra cosa más que haber intentado, con o sin buenos resultados, asimilar esos hechos con toda su carga emotiva y cognitiva – acumulando entonces un rico bagaje de conocimiento, que no es ni será la verdad revelada, sino una pequeñísima parte de un todo, que está sí conformada por esas mínimas partes.

La observación de hechos, situaciones o documentos nos lleva al contexto actual, donde el sentido común ha concretado su sueño de ser el menos común de los sentidos.

Aquí es donde debería ingresar la opinión de los sociólogos para explicar por qué llegamos a este nivel de degradación, pero quién suscribe  solo puede hacer una descripoción de lo que se ve y un análisis del discurso social imperante.

Y en este ámbito está muy claro que, como sociedad, hemos dejado de lado los valores éticos y morales que supimos heredar para instalar, otra vez, el código de la selva – dejado de lado hace miles de años, con períodos de alto nivel de violencia – donde el sálvese quien pueda es el código silente.

Prueba de ello es la desprotección de niños y ancianos, camuflada bajo los pomposos nombres de Institutos que, supuestamente, protegen a los niños y las Residencias de Mayores – siempre con la salvedad de que hay, muy pocos lugares, donde sí cumplen esa función – que, por lo general, terminan siendo simples depósitos de ¡¡¡Personas!!!

Depósitos que, como su nombre lo indica y en base a la vasta experiencia argentina, no tienen garantía de devolución del bien tal como se lo dejó. Esto agrava aún más el tema de por qué estamos hablando de Vida, un valor esencial que ha perdido si vital importancia impulsado por oscuros intereses que, hoy como nunca antes, están a la vista de todos pero, hasta ahora, la sociedad en su conjunto no se da por enterada o no quiere hacerlo.

Quizá los ejemplos citados no sean correctos o usted no coincida, pero lo cierto es que el mensaje y los canales de comunicación son excesivamente  claros al darle tamaño poder a un “no”.

Deberíamos recordar entonces  que todo  lo que emitimos y hacemos con mala fe (hoy se usa el “mala leche”), vuelve potenciado contra nosotros y, más tarde o más temprano, debemos pagar las consecuencias.

Como es mi costumbre, la crítica constructiva me lleva a sugerir una acción para desandar el camino erróneo.
La propuesta o moción es simple: empezar a modificar la receta actual, disminuyendo la dosis de rencor y de odio, aumentando la dosis de tolerancia y amor al prójimo. Además, reincorporar como práctica los premios y castigos sociales- Algunos hemos empezado a ver, pero aún emparentados con la violencia, como por ejemplo retirarnos de un lugar público cuando en el ingresa o se encuentra una persona corrupta o que ha defraudado con el incumplimiento de su función en desmedro del conjunto. Ya ha ocurrido y ocurre por estos lares del sur santafecino.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Espejo de Navidad


Hay muchas palabras en el infinito espacio humano, pero muy pocas inducen a un diálogo fecundo que permita una relación distinta entre las Personas. Sabemos, sin tomar la decisión ni hacer algo distinto, que en la mayoría de los casos son usadas por quienes buscan y obtienen recompensas económicas por eso, la pregunta es ¿hasta cuándo y por qué no nos revelamos, pacíficamente, conscientes del daño que ese parloteo nos provoca?

Estamos en un buen momento para cambiar de actitud. Los pueblos de todo el mundo están en permanentes cambios en busca de una vida digna de ser vivida. Mientras tanto, seguimos pensando que no se puede mejorar nuestra situación por el sólo y simple hecho de que es lo quieren que pensemos para poder hacer y deshacer a gusto.

La Navidad, que proviene del latín nativitas, nacimiento, celebra el nacimiento de Jesucristo, adaptada por la Iglesia católica en el tercer siglo d. C. para permitir la conversión de los pueblos paganos. Hoy es una festividad reconocida por creyentes y no creyentes.

Hablamos entonces de nacimiento, de cambio, de conversión, palabras que suenan con un dejo de lejanía y, en realidad, deberían tener una connotación mucho mayor en nuestra concepción de la Vida, si es que creemos y queremos defenderla, ya que nos han rodeado (lo hemos permitido) de una cultura de desprecio por la Vida y hacia ella nos hemos dejado llevar. Por lo tanto, depende de nosotros realizar el cambio.

Es verdad que la primera respuesta es “yo cambio pero no cambian los demás”. Tan fuerte como esa verdad es el hecho concreto de que si esperamos a que el otro / los demás cambien nada va a cambiar. Más que mirar la paja en ojo ajeno miremos la viga en el nuestro, para darnos cuenta y comprender que depende pura y exclusivamente de cada uno.

Para eso vale recordar que se nos dio Libertad para ser usada con Inteligencia y Amor.
¿Cuáles de estos atributos usamos realmente a conciencia?
¿Cuándo los equilibramos para que nuestra “mochila” no sea una carga sino una tarea agradable?

¿Me aceptan una sugerencia?
Miremos a los demás como si fueran nuestra propia Persona, nuestro propio Ser, sin olvidar ni esconder los puntos oscuros que todos tenemos y potenciando los buenos que, también, todos tenemos.

El mejor augurio en esta Navidad: mirémonos como si estuviéramos frente a un espejo.
Un abrazo

Espero comentarios

viernes, 16 de diciembre de 2011

La hora del Sincericidio


Es común oír a muchas personas comentar sobre distintos aspectos de la vida cotidiana, en especial aquellos que son protagonizados por Personas públicas, en cualquier actividad sea esta pública o privada, pero como un secreto a voces que, luego que dejan sus cargos o por algún hecho fuera de lo habitual, se transforma en un estigma. Esto pasa a nuestro alrededor, aunque no lo queramos reconocer o porque siempre, en general, se observa con más atención lo que ocurre en la ciudad donde “atiende” Dios.

"Sincericidio" es decir algo que es verdad pero “dañará” a otros. La palabra no figura en el diccionario, pero cualquier argentino que siga los avatares políticos del país conoce no sólo su significado, lo que denota y lo que connota. Habrá quienes hasta recuerden a quién la instaló para siempre en el vocabulario público nacional.

Casi ningún político argentino ha dejado de incurrir en este sinónimo político del psicoanalítico "acto fallido". Los críticos dirán que finalmente admitió lo que (con poco éxito, hay que decirlo) procuraba disimular: siente y cree que sabe más y le gusta demostrarlo. Sus seguidores la justificarán con el argumento de que sólo los anima su proverbial espíritu pedagógico. Soberbia se llama eso, dirán, frotándose las manos, los opinólogos de siempre.

Después de este encuadre en la formalidad de la palabra y desde la manera en que nos comunicamos, puedo avanzar en el intento de reflejar cómo nos vemos, como sociedad, aunque duela reconocerlo o no estemos dispuestos a hacerlo, ingresando entonces en la innumerable fila de quienes esperan su turno para cometer su Sincericidio.

No tiene hora, ni día, ni lugar, pero ese momento llega a la mayoría de las Personas que tratan de “tapar el sol con un dedo”, para decirlo de la manera menos cruel y real a la vez, contra ese escudo conformado por la tozudez de pretender “vivir” sin reconocernos tal como somos, con nuestros defectos y nuestras muchas virtudes, como Personas y como Pueblo, aunque parezca que las hemos olvidado, obnubilados por el peso cotidiano de una violencia de todo tipo que, hasta ahora, nos tiene adormilados como Comunidad.

Señalar esta violencia no significa justificarla, pero no tomar alguna acción que modifique la situación que nos agobia es, además de falta de coraje cívico, plebiscitar (Someter a plebiscito una ley o decisión pública) y avalar todo lo que pasa con nuestros actos aunque esa actitud nos lleve la vida misma, tanto la nuestra como la de nuestros seres más queridos.

Violencia es no solo la que deriva de hechos delictivos sino también de actos de gobiernos, de empresas u organismos privados; también lo es la alta conflictividad en el tránsito; la violencia doméstica; el robo sistemático de la esperanza de quienes confían en las promesas y se ven defraudados y estafados una y otra vez… sólo por citar algunos ejemplos.

¿Qué tiene que ver la violencia con el Sincericidio?
Para que esa realidad que nos asfixia y hace vanos nuestros esfuerzos que, en muchos miles de Personas, son casi titánicos, tenga sentido de ser necesita cómplices que justifiquen cualquier acto aunque en sí sea nocivo para quienes lo apoyan sin pensar en lo que hacen.

Es entonces cuando hace falta que intervenga el Sincericidio, con toda la “crueldad” que le sea posible, para que nos demos cuenta de lo que nos está pasando y ese ingreso aparece como revelador, nos duele, lacera nuestros sentidos para hacernos “comprender” que estábamos en el camino equivocado.

Llegar a esta instancia es posible sólo por nuestra apatía ciudadana, en la creencia - nos han hecho ingresar en esa pseudo Fe Colectiva - que con votar alcanza y que la participación es sólo para los malos y malas, cuando sólo basta con mirar en nuestro barrio los logros de una vecinal, sin sueldo y sin recursos, para darnos cuenta que aquella frase, casi evangélica, es un verso miserable para “hacernos entrar” en el negocio de algunos.

Como siempre, todo lo que pasa o deje de pasar depende de nosotros. No se trata de responder con violencia a esa violencia que nos degrada: hay muchos ejemplos cercanos en el tiempo que nos duelen aún y que nadie quiere repetir. Se trata de no permitir que nos sigan estafando y robando el futuro, incluso el de nuestros hijos y nietos. Para eso debemos recurrir a un orden cívico responsable, comprometido con los sueños que todos aún tenemos de un País en serio, basado en la Cultura del Trabajo y el Respeto de los unos y los otros.

Espero comentarios